
En la jaula musical del pop-rock español los aficionados comunes se enfrentan a dos vertientes muy diferenciadas, los cercanos a los grupos de masas, llenos de singles lideres de ventas y conciertos multitudinarios, y aquellos que optan por conjuntos menos conocidos, de mayor riesgo musical que detestan a los primeros, pero que desean un poco más de seguimiento para sus grupos con el fin de que no desaparezcan del panorama musical. En este ámbito, la ubicación de un personaje como Carlos Goñi se antoja difícil. Su grupo, Revolver, pertenece al prototipo de grupo reconocido, que sabe las cifras de ventas que tendrá con un nuevo disco –en función del single-, con experiencia dilatada en los escenarios nacionales, decenas de páginas web de fans y un halo de respeto de los creadores musicales. Por otra parte, Carlos Goñi posee un inconformismo musical que le lleva a la búsqueda de la canción como medio de expresión de experiencias, alejándose de un estilo definido para ir en busca de aquel que encaje con una letra y un estado de animo concreto. Por esto, Revolver se halla en un término medio, en la frontera de los dos polos, enriqueciéndose en uno y progresando mediáticamente en otro.
La llegada del Otoño ha traído hojas secas y grandes frutos, entre ellos, el que nos ocupa, 8:30 AM, un disco producido por el propio Carlos Goñi acompañado de un DVD con jugosos extras al mismo. En líneas generales, el conjunto de trece temas (12 más un bonus track) destilan mayor sencillez que su anterior trabajo “Sur”, fallido repertorio lírico y creativo, oscuro y excesivamente denso. 8:30 AM se ubica entre los mejores trabajos de Revolver gracias a una línea en la que todo es tocado, es decir, todo lo que suena es porque alguien está con ello, no se usa nada “disparado” por ordenador, son guitarras, pianos, órganos, etc…, todos los temas poseen una duración en torno a los tres minutos y medio y una temática muy propia. Es, como declaro Carlos Goñi, “un disco hecho en pijama, con bata, con una taza de café a la luz del amanecer”.
De sus trece temas, sobresalen “Lo que Ana ve”, un duro alegato contra los malos tratos y “Odio”, colección de fobias propias de un lunes a las 8:30, en ritmo y estilo sabiniano. El resto de cortes siguen una línea continua, nos cuentan una historia de cada día, de dos, contada por uno. Para seguir esta lectura, habría que comenzar por “Eso de saber” (“bolero californiano”, fruto de la suma de los Eagles y los boleros”) y “Vidas”, las cuales interrogan metafóricamente y confluyen en la cuestión personal ante ella (“¿que esperas de mí?”), seguido de un mensaje de fidelidad en “Asustando al huracán” (canción amable, … ”aunque todo acabe, yo estaré allí, aunque no me veas”), un consejo y deseo de valentía por parte de ella (“siempre habrá otro barco que te lleve lejos”) en “Gargantas y desfiladeros”, metáfora acerca de la vida y las relaciones humanas en “La flor más bella” y “En un mundo de dos”. Con un comienzo muy a Los Rodríguez está “Deprimencia”, siguiendo la línea temática marcada, lanzando ataques con más dureza a ella/él (han pasado cosas entre los dos), finalizando con “Donde está el final”, la más larga (“…que abandonas cuando el viento sopla más de lo normal”..) y “Ay, amor”, historia de un paulatino desamor, con un acompañamiento mínimo más cercano a la línea del cantautor.
En resumen,
nos encontramos ante un bloque sólido de temas que reivindican la canción
como medio de expresión de sentimientos e historias, de forma sencilla
(que no fácil), desde el punto de vista del autor, en el que es el
mejor disco del grupo hasta el momento y una de las más potentes muestras
del panorama nacional, lejos de los montantes comerciales y de fans que invaden
el territorio conciertístico actual.
Juan F. Molinera Caracuel