Hamlet: el hombre desamparado.
por Carlos Mendez
Hay, a mi entender, una "trilogía" básica de la tragedia
shakespiriana, la que compondrían Hamlet, Macbeth y El Rey Lear. Habría
otras (Othello, la "histórica" pero no menos trágica
Ricardo III) cuya no inclusión en esta, modesta, "trilogía"
se debe simplemente a mi capricho, pues en nada desmerecen a aquellas. Sin embargo,
faltaría también a la verdad si doy a entender, que esa agrupación
ha sido echa al gusto del azar, o al de una necesidad imperiosa e inútil
de estructurar o agrupar.
A pesar de las abismales diferencias de sus sinopsis hay un rasgo, un leiv motiv argumental, que las une: la soledad (¿no seria otra la traición?). En Macbeth y El Rey Lear se trataría de esa soledad tan llevada y tan traída, que es la "soledad del poder" (¿quien no ha visto la saga de El Padrino de F. F.Coppola?), presente también en Ricardo III; en Hamlet se trataría de la soledad a secas, la soledad como un muro infranqueable y terrible en la vida de un hombre, Hamlet, que descubre la ambigüedad de todo aquello que consideraba, en el pasado, como indispensable y necesario.
Hamlet es, a lo largo de la obra, traicionado y abandonado a su suerte por los diferentes cimientos sobre los que sustenta su existencia: el amor (el desdén, forzado, de Ofelia), la amistad (la traición de Rosencratz y Guildersten), la familia (el asesinato de su padre a manos de Claudio, con la más que probable complicidad de su madre) e incluso la sociedad, las "normas sociales" (el propio Hamlet, con su palabra, nos denuncia la anormalidad de la más que temprana boda entre Claudio y Gertrud). (El único personaje que no le ha traicionado es Horacio, pero por que éste, es un reflejo del público, es el elemento intermedio entre lo que piensa Hamlet y lo que sucede, el narrador de lo que sucede en Inglaterra). En un breve intervalo de tiempo la vida de Hamlet se ha hecho añicos; esta no puede significar otra cosa que un caos ("El mundo está fuera de quicio...¡Suerte maldita!/Que haya tenido que nacer yo para enderezarlo"; Acto I, Escena V), ante el cual refugiarse en una fingida locura, más dialéctica que real.
Pero Shakespeare nunca fue amigo de los maniqueísmos, ni siquiera sus villanos son tratados desde esa óptica: toda mala acción conllevara un arrepentimiento tardío (Claudio, Laertes, Polonio, incluso la misma Reina). En la saga original escandinava, en la cual esta basada la obra de Shakespeare, Hamlet es presentado como un vengador frío, calculador y sin ningún escrúpulo, nada más lejos del complicado personaje de la obra teatral: Hamlet no es un asesino, no lo era antes y no lo es después, aun cuando las circunstancias le pongan contra las cuerdas. En su duda persistente, Hamlet no demostrara otra cosa que un apego inconsciente a su humanidad.
La venganza solo se consumara cuando Hamlet se vea ya muerto, cuando el tiempo es casi inexistente y la necesidad, por tanto, más acuciante que nunca; hasta ese momento ha desperdiciado varias oportunidades de acometer su venganza. Esto suele atribuirse al simple hecho de la duda, sin atender a que esta duda seria más un "efecto" que una "causa". En mi opinión, esa "causa" habría que buscarla en ese "apego inconsciente" al que me he referido antes: Hamlet conoce muy bien el valor de una vida, y el envilecimiento espiritual que el asesinato conlleva, y a pesar de los indignados juramentos lanzados contra sí mismo (Acto IV. Escena IV), Hamlet no puede evitar ser lo que era: solo un hombre, incapaz de llevar a cabo un asesinato, aun incluso cuando este ha sido ordenado por voces del más allá.