DIVAGACIONES
por Ignacio Munuera Sainz de Baranda
Me disponía a vagar por aquella desmesurada pradera, llena por doquier de espeso bosque. Su profundidad con misterio desbordante me hacía flaquear y recorría en mí un sentimiento de vértigo ante tal majestuosidad. Los árboles ondeaban al ritmo insistente marcado en todo momento por aquel viento salvaje y sin escrúpulos. Aquel ruido provocado por el choque frontal con las rocas producía un chillido vertiginoso y molesto que hacía de tu desconcierto una nota predominante en aquel lugar. El cielo empezaba a oscurecerse, no por la marcha del sol dejando paso a la luna impaciente, sino por el “encapotamiento” de algunas nubes impertinentes que de un modo desafiante obstaculizaban el paso de los rayos del sol. Las temperaturas bajaban y mis músculos contraídos empezaban a sentir el desgarrante frío.
Cada vez que miraba el azul horizonte, perderse a lo lejos a través de una gasa de polvo gris e inquieta me parecía imposible arrancarme del mísero suelo y flotar con la niebla oscura en átomos leves. La noche hacía presencia, majestuosa y profunda. Cuando la miraba en el fondo oscuro del cielo las estrellas temblaban como ardientes pupilas de fuego. Me parecía imposible subir en un vuelo y anegarme en su luz y con ellas en lumbre encendido fundirme en un beso.
En la mar de la duda en que vagaba ni aún sabía lo que creía. La vida es siempre complejidad y casi siempre complicaciones era tan fácil en ese lugar, su adversidad me hacía en vez de huir y temblar tranquilizarme ¡hace tanto tiempo que no me sentía yo mismo!. Ojalá los hombres fuésemos simples cosas ya que con lo que las cosas pueden darnos nos bastaría, ¿Y lo que poseemos no nos poseería?. Seamos realistas, cuando se trata a alguien como si fuese idiota es muy probable que si no lo es llegue pronto a serlo. Pues bien, bendito el que sea idiota y no navegue en este inmenso barrizal de dudas en el que me encuentro. Todos somos resultado de una historia social, el hombre no puede dejar de ser libre, “somos esclavos de la libertad” “estamos condenados a la libertad” ¿por qué entonces no vivimos en libertad?. La prisión en la que me encontraba me ahogaba, me afixiaba necesitaba huir, largarme de este infesto lugar mortal. Después de un viaje largo por aquel sitio sin tiempo de marcas de reloj, me paré a pensar, he comenzado un camino entre las espinas de la planta de lo desconocido, solo yo era el artífice de su riego. Cada día a partir de ahora necesitaba actuar conforme a las leyes que ordenaba mi mente, no quería escuchar más palabras de sabios de reuniones aburridas y rutinarias todas ellas planificadas de un modo meramente racional dejando siempre de lado todo lo emocional, no quería leer el catecismo de misas sin fé, no quería abrir el periódico de carreras de universidad sin fondo, no quería seguir los consejos de algún beduino de sed de desiertos sin luna, solo quería ser yo, yo y mis principios.
Andaría descalzo sobre el gris pavimento de antes pisadas, no vería señales de tráfico en latas sonoras, no habría direcciones de sitios en kilómetros ni indicadores de desvíos como confusas gotas de frente sudada, todo serían como escaparates vacíos de una calle sin dirección que no lleva a ninguna parte, pero que marcará el destino de mi existencia. Me gustaría andar por caminos de tierras lejanas, hablar al despertarme con los pájaros, el aire, las montañas, el río y no vivir metido en reloj de tiempo marcado por el humano en el que simplemente soy el segundero, pues doy pasos pequeños y muy rápidos en esta corta esfera de mi vida.
Me pregunto que hago aquí y sufro, no entiendo mi paso por este rastro de puestos variados, en los que cada uno ofrece su alma, sin saber a que precio será conveniente. Soy joven pero cada día me encuentro más cansado, como marioneta de pobre teatro de títeres callejeros, me mueven las viejas cuerdas, manos que no veo y que cuando las conozca no sé si tendremos mucho en común. Se me han acabado las pilas de algún soñar en otros tiempos y ya no me merece la pena comprar pilas nuevas.
Yo no tenía que ser de esta época, no la siento, pienso que tenía que haber nacido en épocas de emociones diarias, siglos de celtas en árboles de vida, años de guerreros por libertades, o el protagonista de un mundo sin hacer de edades primitivas, ahora está ya casi todo hecho, el mundo es un sistema vacío, lleno de consumismo podrido todo se basa en vacaciones de ovejar, piso, coche, copas y ropa de moda, no, no quiero ésta época, quiero trabajar en molinos de viento, no quiero bañera de marca, quiero que las aguas mojadas de un río bañen mi espalda, no quiero metro, ni autobús, quiero viajar con algún burrito de plata como Platero, no quiero documentos de ordenadores, ni fichas personales, mi nombre me gustaría verlo grabado, cómo en cuevas de Altamira, o en hojas de árboles, y no quiero alimentos prefabricados para cuerpos diez, yo sólo soy un humano, no necesito postales de playas de morenas y coco loco (si, si Piles si) con mis animales y amigos me sobran postales. Ahora soy prisionero de la nada, sé que algún día encontraré el hueco, hacia el abismo de mi libertad, ese día brindaré con besos de amar, con postales que me esperan en vidas de otra parada desconocida y mejor.
FIN