Clásicos Recuperados. San Jerónimo. 1680. Pinacoteca Vaticana
Pese
a su "folletinesco" hallazgo, su inacabada realización y la
escasez de testimonios y documentación acerca de su paternidad, esta
obra ha sido encuadrada perfectamente en el seno de la obra del pintor florentino.
Ubicada, hoy día, en la Pinacoteca Vaticana, su historia hasta la actualidad resulta verdaderamente interesante. Tras su "ejecución" pasó a Angélica Kaufmann perdiéndose, más tarde, partida en dos pedazos. El Cardenal Fesch recuperó la parte inferior de la tabla en casa de un revendedor romano, donde era utilizada como cubierta de un cofre, y años más tarde, la parte superior, reducida a ser asiento de escabel de un zapatero. En 1845, Pío IX adquirió la obra de los herederos del Cardenal para los museos vaticanos al precio de 2500 francos.
Por fecha, 1480, y estilo, la obra pertenece al primer periodo florentino
del pintor, y apreciamos en él la materialización de su idea de
belleza, múltiple, representable a través de los sentimientos,
en este caso, penitencia, la aplicación del análisis del estudio
de los diferentes elementos morfológicos del cuerpo humano, no como copia,
sino como resultado de un proceso. En su Tratado de Pintura, Leonardo afirma:
"La figura más loable es aquella que por su acción expresa
la pasión que la anima..." y acerca del motivo de la presente obra,
.."los viejos han de ser representados con movimientos torpes y lentos,
las piernas dobladas por las rodillas, si están quedos, y sus pies, paralelos
y distantes uno de otro; encorvados, la cabeza caída hacia delante y
los brazos no en exceso extendidos ." Todos los elementos más diferenciadores
en la obra de Leonardo, como son la luz, el color, la contribución del
contorno y de la perspectiva aérea en su articulación como una
unidad clave en la creación de la obra, debido a su no terminación,
limitan en demasía el comentario de la obra pero, aún así,
hemos de señalar que la tensión y el patetismo son los elementos
fundamentales de esta tabla, en la que, la figura del Santo, con el brazo extendido
para darse un golpe en el pecho, queda perfectamente enmarcada por el león
del primer plano y las rocas en contraluz del fondo. Su carácter inconcluso
no difumina su magnífico estudio iconográfico, su estudio de la
naturaleza, nuevamente idealizada, y le sirve, inconscientemente, para plasmar
una de sus concepciones acerca de la verdadera creación de la obra de
arte, la creación como acto intelectual, más que como objeto de
elaboración manual.
S. Jerónimo (1481-82); óleo sobre tabla. Roma.
Pinacoteca Vaticana.
Bibliografia.
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