Gloria y fango de la Movida
27 febrero 2007
Javier Marías escribió que los años ochenta en Madrid fueron un recreo merecido tras los sobresaltos de la transición, pero demasiado prolongado y tal vez estéril: "En el recreo, lo más que se hace es presumir, pegarse un poco y jugar a la comba". Lo que se dio en llamar "movida madrileña" alcanzó una prodigiosa proyección nacional e internacional, pero ha sido juzgado con extrema dureza en los años noventa.
Las muertes donde intervienen las drogas tienden a ser particularmente sórdidas. La de Enrique Urquijo (Madrid, 1960) acumuló suficientes horrores para grabarse en la memoria. A última hora de la tarde del 17 de noviembre, el cantante de Los Secretos y Los Problemas fue hallado muerto en un portal de la calle Espíritu Santo, en el madrileño barrio de Malasaña, alias Maravillas, donde tantas veces se le vio dando tumbos en soledad. Del Insalud y el Cuerpo Nacional de Policía, la noticia saltó a este periódico. La necesidad de comprobar que realmente se trataba del músico hizo que fuera un periodista el que se pusiera en contacto con su discográfica, desencadenando una serie de llamadas que llegaron hasta su familia. Algunos de sus asociados se sorprendieron. Todos lamentaron que hubiera muerto solo.
¿Solo? No exactamente. Poco antes, Enrique, empujado por su gente más próxima, se había internado en una clínica para otro tratamiento de desintoxicación. Unos días después, pidió el alta voluntaria y se largó de la institución, arramplando con el dinero sobrante, y se perdió en Malasaña. En realidad, tampoco se esfumó. Con, digamos, 180.000 pesetas en el bolsillo, cualquiera es recibido como el rey del mambo en casa del camello habitual. Allí pasó sus últimas horas, en compañía de quienes prefieren no hablar o se han esfumado para evitar preguntas policiales (parece que intentaron reanimarle antes de abandonarle en la calle). Cuentan que los allegados le habían estado buscando, que incluso intentaron penetrar en el piso maldito, pero no pudieron franquear la puerta; tal vez Enrique escuchó la bronca, tal vez no quiso o no pudo hablar con sus seres queridos.
Al día siguiente, doloridos músicos de su generación recordaban a Enrique en voz baja. En los primeros tiempos de lo que luego se llamaría la movida, el pérfido clan de Los Pegamoides tenía una división del movimiento para uso interno: "Estamos los que nos teñimos el pelo y los que nunca lo harían". Implícitamente, la clasificación sugería que los teñidos eran más audaces y cosmopolitas, más predispuestos a experimentar en sexo y drogas. "Pero eso nunca estuvo muy claro: ya en 1981, muchos de los grupos de pop, los que iban de niños buenos con corbata delgada, ya andaban metidos de cabeza en la heroína". A continuación, el juego macabro de contabilizar los caídos de ambos campos. Y una conclusión desoladora: las muertes por sida o por sobredosis han sido tan frecuentes entre los popies como entre los ultramodernos.
Una tragedia unía brevemente a los supervivientes de la movida, aunque fuera únicamente en clave de pasmo y pesadumbre. Hace veinte años, otra muerte relacionada con Los Secretos había sido la justificación para la primera presentación colectiva de lo que se empezaba a llamar nueva ola madrileña. En las primeras horas de 1980, José Enrique Cano, Canito, baterista del grupo Tos, fallecía en accidente de circulación. Unas semanas después, el auditorio de la Escuela de Caminos acogía un Homenaje a Canito donde coincidían Nacha Pop con Alaska y Los Pegamoides, Paraíso con Tos, rebautizados como Los Secretos. Las cámaras de Pop-grama, de TVE-2, captaron el acto y retransmitieron al país la buena nueva de que en la capital del reino habían surgido unos conjuntos que, para qué negarlo, tocaban mal pero tenían canciones arrebatadas y una imagen que anunciaba una estética naciente, que buscaba cancelar la grisura del franquismo y la transición. Aunque la primera reacción fue el rechazo, la bola empezó a rodar: un año después, un cartel similar abarrotaba el campo de deportes de la Escuela de Arquitectura. Todos los grupos que actuaron en memoria de Canito habían grabado discos y muchos habían empezado a paladear el éxito.
Esta vez, quizás no haya un Homenaje a Enrique de dimensiones similares. Y eso que un ejecutivo discográfico que había trabajado para Los Secretos en su primera época puso inmediatamente el Palacio de los Deportes madrileño a disposición del posible concierto; al no verlo claro, la familia se negó . Además, hubiera sido imposible convocar a un elenco equivalente al que acudió a tocar en el acto de Canito. La desaparición de Enrique fue sentida por todos los que le trataron, como ocurre cuando muere una persona esencialmente buena y un artista al que ni siquiera los situados en sus antípodas musicales podían negar sinceridad e intensidad. Pero la muerte, especialmente si ocurre en la zona de sombra de las drogas duras, todavía es un tabú en los ambientes musicales españoles. Y una reunión por Enrique Urquijo casi inevitablemente se hubiera convertido en una extemporánea evocación de la movida. Con más de funeral que de celebración.
Hoy, lo más chocante de la movida es su indefensión. Cada cierto tiempo es vituperada con saña por el alcalde de Madrid o alguno de sus concejales. Álvarez del Manzano ni siquiera quiere concederle los últimos honores: "No hay que enterrarla porque se ha evanescido, ni tan siquiera tiene cuerpo para enterrar. Era algo etéreo, una propaganda política, no ha dejado un solo poso. Yo no recuerdo un solo libro, un solo cuadro, un solo disco; nada, de la movida no ha quedado nada".
Y nadie responde, a pesar de lo grotesco de las acusaciones y de la alternativa cultural que propone el regidor: la recuperación de la zarzuela y el cuplé. De hecho, abundan los antiguos simpatizantes, genuinos compañeros-de-viaje que ahora abominan del movimiento cultural que agitó Madrid desde finales de los setenta: estos renegados incluso hacen suyas mentiras interesadas, como la que lo convierte en un montaje del Ayuntamiento del PSOE.
Los munícipes del puño y la rosa desconfiaban profundamente de la gente de la nueva ola, prefiriendo la autenticidad vallecana encarnada por Ramoncín, preconizada por las columnas de Francisco Umbral. Todavía quedan implicados que recuerdan el tango imposible bailado por la movida con Enrique Tierno Galván: Borja Casani visitó al señor alcalde -"un oportunista nato"- para presentarle el proyecto de La Luna de Madrid; fue ignorado... hasta que la revista se convirtió en un medio poderoso, momento en que don Enrique llamó al editor e intentó subirse al carro triunfal. Fue rechazado, pero el abordaje se repetiría mil veces con éxito en los años siguientes, entre el deleite de los creyentes en el todo-vale, convertidos en expertos del coge-el-dinero-y-corre.
Lo extraordinario es que, antes incluso de que irrumpieran los noventa, los propios implicados en la movida se apresuraron a echar tierra sobre la deforme criatura en un festín de recriminaciones y desdenes. La historia de todos los ismos de la vanguardia artística del siglo registra similares negaciones radicales, aunque rara vez tan tempranas, unánimes y agrias. Un texto tan indispensable como Sólo se vive una vez: esplendor y ruina de la movida madrileña (Ediciones Ardora, 1991), la suma de centenares de horas de conversaciones grabadas por José Luis Gallero, ofrece un inmenso catálogo de descalificaciones y desmitificaciones. Hay quien recurre a razonamientos etimológicos: lo de movida es una denominación impuesta desde fuera, que rebautizó algo que, al menos en lo musical, se conocía como nueva ola. Los veteranos tuercen el morro y aseguran que "una movida era exclusivamente ir a comprar chocolate", como si una palabra no pudiera cambiar su significado por la santa voluntad de sus usuarios y el machaqueo de los embelesados periodistas.
Tal pedantería suele ir acompañada por juicios tajantes, que distinguen entre una verdadera y una falsa movida. La buena es la que él o ella vivió como parte del colectivo que usufructuó en exclusiva el movimiento; cuando llegaron los pardillos deslumbrados, las diversas movidas de la periferia, los medios de comunicación, el poder con sus cantos de sirena, ah, entonces todo se fastidió. Se palpa también un verdadero complejo de culpabilidad por la facilidad con que muchos creadores entraron en la cultura de la subvención o de las actividades patrocinadas por instituciones.
Y un sentimiento de embarazo por la aceptación entusiasta de las drogas duras y sus calamitosas consecuencias. El cineasta Iván Zulueta, figura esencial de la premovida, huyó hacia San Sebastián tras acabar Arrebato, pero aceptó compartir su experiencia generacional en el libro de Gallero, donde explica la mecánica del autoengaño: "La época en que me ha tocado vivir ha consistido en ir descubriendo que todo lo que te han dicho es mentira. Quizás toda juventud se encuentra con que le han mentido. Pero fue una vergüenza, un escándalo: llegabas al caballo convencido de que no era como decían. Pensabas: 'seguro que es como el sexo y todo lo demás'. Pues, por una vez, era verdad".
Con todo, las sucesivas devastaciones no acabaron con el impulso de la movida en los más diversos frentes artísticos. Aunque el balance no sea homogéneo. Alberto García Alix se ha mantenido en sus trece y acaba de ser reconocido con el Premio Nacional de Fotografía (fiel al carpe diem, le entrevistan en los telediarios y anuncia que quiere "pulirse" a toda prisa el dinero que acompaña al premio). Ceesepe, El Hortelano, Mariscal, Javier de Juan y otros dibujantes de cómics muy activos en los primeros tiempos terminaron deslizándose felizmente hacia la pintura o el diseño, en parte motivados por carencias de la industria editorial de la historieta. Tampoco parece que los creadores de moda española preocupen excesivamente a los imperios italianos.
Por el contrario, el realizador español más celebrado internacionalmente es Pedro Almodóvar, que pisó los escenarios de los primeros ochenta como parte del delirante grupo-espectáculo Almodóvar & McNamara, aparte de filmar la única película -Laberinto de pasiones- que refleja en caliente la locura de aquellos momentos, con abundantes papeles para personajes del Madrid movido. No hubo nada comparable en la producción literaria, aunque en 1999 haya salido Madrid ha muerto, una novela de Luis Antonio de Villena sobre la primavera de la (pos)modernidad capitalina, que se reconoce más observador del alboroto que participante activo.
En su actividad más visible, la musical, queda un sabor agridulce. A principios de los noventa, los grupos novísimos reaccionaron contra la banalización de la movida con cancioneros que usaban un inglés generalmente primario, a la vez que renunciaban más o menos conscientemente a la búsqueda de la popularidad (sin olvidar que los de los ochenta habían arrasado el negocio del directo, al cobrar cachés disparatados y acostumbrar al personal a actuaciones gratuitas o con precios políticos). No obstante, en los últimos tiempos se ha producido una reconciliación: han salido espontáneos discos de homenaje, ha brotado un puñado de conjuntos -Fresones Rebeldes y Meteosat en cabecera- que buscan recrear la efervescente frivolidad de 1980.
Las listas de venta todavía acogen a artistas hechos al sol de la movida, como Manolo García, voluntarioso animador de Los Rápidos y Los Burros que conoció el éxito con El Último de la Fila antes de iniciar periplo en solitario (y uno de los rendidos admiradores de Enrique Urquijo que acudió humildemente a cantar en el último concierto multitudinario de Los Secretos en Madrid). Menos afortunado en términos de ventas ha sido Santiago Auserón, cabecilla de Radio Futura, que se reencarnó en Juan Perro y creó una fusión única -rock con música cubana- que, sin embargo, fue aprovechada comercialmente por Jarabe de Palo y lo que se ha dado en llamar rock latino.
Otros solistas funcionan de modo guadianesco, como es el caso del venerado Antonio Vega, antes en Nacha Pop, o del irredento Javier Corcobado, de Mar Otra Vez. Jaime Urrutia sufrió años de oprobio al frente de Gabinete Caligari y ahora planea grabar bajo su propio nombre, alentado por admiradores como Andrés Calamaro, Loquillo y Enrique Bunbury, que le invitan a sus conciertos y reivindican su cancionero. Caso contrario es el de Nacho Campillo, que no funcionó como solista, pero ha refundado su anterior grupo, Tam Tam Go!, con excelentes resultados comerciales. Lo contrario de las reapariciones de Golpes Bajos, dos excepcionales músicos penosamente fuera de onda, o Mecano, un trío carcomido por incompatibilidades personales entre los hermanos Cano.
Con todo, la nómina más amplia corresponde a los que supieron reconvertirse: ciertamente, hay vida después de la movida. La principal compañía independiente de los años ochenta, DRO-Gasa, terminó siendo engullida por la multinacional Warner Music, pero sus fundadores, antiguos músicos, siguen en la empresa o son directivos y cazatalentos en la competencia. Bernardo Bonezzi, el niño prodigio de Zombies, ejerce de músico cinematográfico. Nacho Canut y Alaska, que triunfaron con Los Pegamoides y Dinarama, desarrollan sus ideas electrónicas en Fangoria (el tercer vértice pegamoide era Carlos Berlanga, autor de discos bellos que no han encontrado eco). Paco Trinidad, inicialmente con los frenéticos Ejecutivos Agresivos, es hoy un productor con rico currículo. Víctor Aparicio, responsable de los turbulentos e indispensables Coyotes, también expone, diseña portadas, publica historietas y sigue ejerciendo de feroz disidente frente a las tendencias dominantes. Julián Hernández, de Siniestro Total, lo mismo escribe libros que protagoniza películas pintorescas. Rossy de Palma, que dio a conocer su fantástico perfil en el grupo mallorquín Peor Impossible, fue lanzada como actriz -la varita mágica de Pedro Midas Almodóvar- tras ejercer de camarera en locales de Malasaña.
Entre sus filas, el gremio de la hostelería madrileña contó con muchas futuras actrices de renombre. Ignacio Cubillas, conocido como Pito, que fue el más poderoso -y culturalmente ambicioso- de los managers de la movida y que ha reaparecido en Madrid tras superar una drogodependencia épica, especula que se podría filmar una película sobre el eclipse simplemente con los testimonios de las antiguas camareras del que fue su local, Morocco. Y es que el debe y el haber de la movida serían incompletos sin hacer cuentas de su capacidad para crear espacios de encuentro, lugares de esparcimiento. Que se han multiplicado en los últimos veinte años, aunque se haya perdido el espíritu grupal de los primeros ochenta. La noche madrileña se ha hecho más elástica, más feroz, más viciosa, a la vez que ha perdido en fecundidad, en contubernios creativos, en voluntad renovadora.
Y por las noches de esa ciudad acelerada navegan abundantes náufragos como Enrique Urquijo, descolocados por temperamento o por el paso del tiempo, encerrados en mundos propios o artificiales.
Enrique era un depresivo, pero a la vez un tipo bondadoso que recriminaba a amigos su tabaquismo, "los cigarrillos son muy malos"; le respondían airados que él tenía hábitos bastante más peligrosos, algo que rechazaba: "Lo mío no se puede llamar drogadicción, sólo abuso de cuando en cuando" (era cierto, pero no como para presumir). Los que le trataban se asombraban igualmente de que Enrique no supiera, por ejemplo, de la existencia de un conjunto británico que marcaba pautas y se llamaba Oasis. Se quejaba en 1998 de que su grupo no tenía contratos: cuando le explicaron que ése era un mal general en aquellas semanas, se descubrió -bendito sea- que era aproximadamente el único humano que ignoraba que estaba celebrándose el Mundial de Fútbol.
La salvación catódica
La televisión es nutritiva", proclamaba Aviador Dro en su etapa de agitación y propaganda, un lema entonces apenas más irritante que aquel otro del mismo grupo, "Nuclear, sí, por supuesto" (más de una vez, los Obreros Especializados del Aviador fueron agredidos por semejantes provocaciones). Una diferencia radical entre los animadores de la movida y la progresía que les precedió está precisamente en la actitud frente a la televisión. Referencia inevitable para los primeros, opio del pueblo para la quinta de la pana.
Así que no debe sorprender que las televisiones hayan absorbido a buena parte de los talentos más comunicativos de los ochenta. Además, una de las características de aquella época fue la permeabilidad, el trasvase entre disciplinas. Alaska, que ya animó La bola de cristal -el programa no-tan-infantil de Lolo Rico en TVE- y que ahora aparece regularmente como jurado de los exitosos Lluvia de estrellas y Menudas estrellas, donde sigue asombrando al pueblo llano con su sensatez y su tolerancia. Antón Reixa, el iconoclasta impulsor de Os Resentidos y actual solista, también se convirtió en habitual de programas masivos, aunque volviendo siempre a la televisión gallega, donde dirigió programas heterodoxos y ahora triunfa como guionista de una notable serie autóctona, Mareas vivas. La misma TVG acoge a Xabarin, un popularísimo espacio infantil que en cierto modo recoge el espíritu de la fértil movida gallega.
Pedro Reyes y otros humoristas televisivos tuvieron su primera oportunidad en locales pop como Marquee y Rock-Ola (que ocupaban un espacio que antes había acogido a Tip y Coll). El tan premiado Caiga quien caiga incluye en sus filas a personajes en la periferia de la movida. Con su grupo Paracelso, El Gran Wyoming conoció los locales de ensayo del Ateneo de Prosperidad, un enorme colegio de mandos falangistas que fue okupado, donde también probaron la libertad los miembros de Kaka de Luxe, Zombies, Aviador Dro y otros; en un reciente réquiem por la Prospe, Wyoming recuerda que el experimento terminó con la reconquista policial, en tiempos de Tierno Galván. Otro rey del desparpajo, Pablo Carbonell, también habitual de Rock-Ola, fue el cabecilla de Toreros Muertos y abrió un local junto a la Gran Vía madrileña, Ya'stá, que fue asediado implacablemente por las autoridades municipales del PP y escenificó su derrota: socios y clientes construyeron un muro de ladrillos que cegaba el escenario.
DIEGO A. MANRIQUE
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Quien diría que quienes hoy realizan el homenaje a la Movida son los que negaron que existiera...
Etiquetas: Arte
publicado por tebeotopia @ 7:28:00 PM,
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Exposición: El sexo en el arte desde la Antigüedad
22 febrero 2007
La representación artística del sexo ha sido constante desde la Antigüedad, pero si bien los frescos de los burdeles de Pompeya son más o menos conocidos, la faceta erótica de pintores como Fragonard, Turner, Rodin o Picasso no ha sido muy difundida. El centro Barbican ha reunido una amplia colección de pinturas y esculturas desde la Antigua Grecia hasta la actualidad, con piezas de Bacon, Warhol y Mapplethorpe, para mostrar cómo las diferentes sociedades han representado el sexo a través del arte a lo largo de la historia. Sólo podrán acceder los mayores de 18 años. La exposición, que se titula Seducidos: el arte y el sexo desde la Antigüedad hasta ahora, reúne un conjunto de 250 piezas, con estatuas, relieves, frescos (como los procedentes de un burdel de Pompeya), pinturas, fotografía y videos, como el Blow Job, del padre del pop-art Andy Warhol, que describe una felación. También se incluirán manuscritos de la India, pinturas renacentistas, grabados pornográficos japoneses y piezas de la importante colección reunida en su día por el sexólogo Alfred Kinsey. De Picasso, los organizadores tratan de conseguir que el Metropolitan Museum of Art de Nueva York les preste un óleo poco conocido que muestra a un hombre y a un joven durante el acto sexual. Habrá asimismo una instalación sonora titulada La voz del Sexo, que permitirá a los visitantes escuchar la lectura de textos extraídos del Kama Sutra, de Lolita, de Nabokov, y de obras del marqués de Sade.
Kate Bush, directora de la galería del Barbican, ha admitido que la exposición, que forma parte de las celebraciones del 25 aniversario de ese centro, será provocadora, pero negó que trate de escandalizar. Será, según Bush, una exposición "seria y con un enfoque intelectual", que tratará de demostrar que otras civilizaciones mostraron una actitud frente al sexo mucho más abierta que las de los británicos de los siglos XIX y XX. "El sexo es una materia que nos preocupa a todos. No queremos definir lo escandaloso. Los límites son siempre individuales", explica Bush. La exposición estará abierta al público del 12 de octubre hasta el 27 de enero del año próximo.
Fuente: ElPais
publicado por tebeotopia @ 5:53:00 PM,
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ARCo 2007
15 febrero 2007

Etiquetas: Arte
publicado por tebeotopia @ 7:48:00 PM,
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Exposición: Revistas en tiempos de guerra
12 febrero 2007
Entre el verano de 1936 y la primavera de 1939 se editaron en España entre 1.500 y 2.000 publicaciones periódicas que, en general, se distribuían de manera gratuita. Aunque en sentido estricto se puede hablar de 500 cabeceras editadas en ambos frentes.Mientras que el cartelismo que se realiza en este periodo está en la retina de todos, no ha ocurrido lo mismo con las revistas. De hecho, la exposición en el Reina Sofía, bajo el título Revistas y guerra, es la primera que se dedica a las publicaciones de este periodo.
Con Jordana Mendelson, investigadora y profesora en la Universidad de Illinois (Estados Unidos), como comisaria, la muestra intenta ser un reconocimiento al valor de los artistas y al papel que desempeñó la cultura durante la Guerra Civil. "Su elaboración refleja un alto nivel en cuanto a diseño y cultura literaria", explica la comisaria, "incluso en los casos en los que fueron creadas en el frente por autodidactas y artistas soldados. Algunas se imprimían en papel cuché, abundaban en ilustraciones y eran declaradamente modernas; otras tenían un aspecto más convencional, sobrio incluso, y otras hicieron de la iconografía tradicional y el diseño conservador una ideología política".
Gran parte de los portadistas son conocidos: Renau, Bardesano, Arteche, Mon-león... Pero la mayor parte de los autores de los dibujos, fotografías, fotomontajes o diseños tipográficos son desconocidos. Eran autodidactas que aprovechaban cualquier momento de descanso en el frente. De hecho, en las trincheras se improvisaban pequeñas redacciones, caso de la revista Avance. En muchas de estas revistas se pueden leer textos de Rafael Alberti, María Teresa León o Miguel Hernández. Pero también poesías y escritos de autores anónimos.
Mendelson destaca de manera especial la aportación de estas publicaciones a las artes visuales. Las revistas eran, claramente, un territorio disputado por los artistas de las facciones en conflicto.
Los títulos de algunas de las revistas expuestas parecen ocultar ese contenido artístico. Por ejemplo, las portadas de Transporte en Guerra. Órgano del servicio del tren del Ejército del Centro, sorprende con ilustraciones y montajes firmados por Boni Naval. También Tierra, Mar y Aire ofrece trabajos de dos de los más prestigiosos y rompedores diseñadores españoles de aquellos años: Mauricio Amster y José Baldasano, quienes también colaboraron en Pasionaria. Revista de las Mujeres Antifascistas de Valencia.
Entre las revistas expuestas tienen especial relevancia Nova Ibérica, Mujeres Libres, Aire, Vértice, La Ametralladora, Dardo.
Fuente: Angeles García (El Pais) 11/02/2007
Etiquetas: Arte, Exposición
publicado por tebeotopia @ 5:27:00 PM,
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Arte Pop en Madrid: Roy Lichtenstein
03 febrero 2007
La Fundación Juan March acoge una exposición de Roy Lichtenstein que muestra el proceso creativo del artista.La exposición presenta una selección de 97 obras realizadas entre 1966 y 1997 por Roy Lichtenstein (1923-1997), uno de los máximos exponentes, junto con Andy Warhol, del arte Pop americano. Organizada en colaboración con la Roy Lichtenstein Foundation de Nueva York y comisariada por Jack Cowart, esta muestra ofrece, por primera vez, una visión completa e inédita de las diferentes etapas del pr
oceso de trabajo del artista. Roy Lichtenstein: de principio a fin complementa y amplía otra, más sintética, presentada durante 2005 y 2006 en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca y en el Museu d?Art Espanyol Contemporani de Palma, ambos de la Fundación Juan March. Bajo el título Lichtenstein, en proceso, dicha muestra exhibía la fase intermedia de los procesos de trabajo del artista, la relativa a los bocetos, dibujos y collages; este nuevo proyecto expositivo tiene la ambición de ir más allá y reconstruir en su totalidad las distintas fases de la creación del artista y evidenciar la evolución desde sus fuentes de inspiración hasta sus últimas consecuencias ?las obras finales?, desvelando la incesante búsqueda de Roy Lichtenstein por los diferentes caminos del arte.
os para chicas como Girls' Romances, Heart Throbs, Young Romance o Secret Hearts; iconos artísticos, como el Laocoonte helenístico, los paisajes de Van Gogh o de Cézanne, las bañistas y retratos de Picasso, los desnudos de Matisse, los nenúfares de Monet o la column
a sin fin de Brancusi; distintos temas extraídos de la historia del arte como los paisajes de la pintura china, naturalezas muertas o modelos en el estudio; temas que en sus representaciones interiores también aluden al ámbito interior del artista y, en las exteriores, remiten a un dominio público. Son referentes a los que Lichtenstein rinde, en sus personales apropiaciones, un particular homenaje. Sus obras proponen un diálogo y abren un camino muy interesante hacia la socialización del arte, ofreciendo nuevas lecturas de la obra plástica. Además, la exposición incluye una película que Lichtenstein realizó en 1970 por encargo del Los Angeles County Museum of Art, en el marco de un programa sobre Arte y Tecnología desarrollado entre 1967 y 1971 y en el que colaboraron artistas y empresas de tecnología avanzada. Con la ayuda de los Universal Film Studios, Lichtenstein concibió y produjo una película sobre paisajes marinos, en relación muy directa con una serie de collages con temas de paisajes realizados entre 1964 y 1966, uno de los cuales también forma parte de esta muestra.
HORARIO
Lunes a Sábado: 11.00 a 20.00 hs.
Domingos y festivos: 10.00 a 14.00 hs.
Fundación Juan March
C/Castelló, 77 - 28006 MADRID - ESPAÑA
+ 34 91 435 42 40 - Fax: +34 91 576 34 20
publicado por tebeotopia @ 11:46:00 AM,
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